Conferencia Dos Construcciones para una Nueva Escuela por Arquitecto Jorge Rigau, FAIA

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Conferencia Dos Construcciones para una Nueva Escuela por Arquitecto Jorge Rigau, FAIA

15 de agosto de 2013

6:30 p.m.

Teatro Universidad Politécnica de Puerto Rico

Curso Electivo Contemporary Issues – Para estudiantes de 3er, 4to y 5to año


12

 

i Ahora abierto a estudiantes de arquitectura !

LA6240 Contemporary Landscape Architectura Issues

Controversias teóricas

Paisaje + arquitectura

Proyectos icónicos contemporáneos

Carreras del Futuro • Arquitectura Paisajista

Pedaléalo Santurce

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Fecha: 19 de mayo de 2013

Evento: visitas a esculturas, grafitis y espacios de la ciudad

Registro: desde las 8:30 a.m.

Salida: 10:00 a.m. en punto

Recorrido: desde la Ave. Ponce de León  hasta la Ave. Miramar y de vuelta por la Ave. Fernández Juncos

(12 años en adelante)

Inscripción: (donativo) $10.00

(para becas estudiantes arquitectura paisajista)

Lugar de encuentro será frente a la Universidad Politécnica de Puerto Rico

Tu futuro está en la Poli

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Tommy Ramos, estudiante de maestría  de la Escuela de Arquitectura Paisajista de la Universidad Politécnica de Puerto Rico

Inventario para reinventarnos

Marisabel Rodríguez,
IFLA, ASLA, IAPR, CAPPR

Directora y profesora
Maestría en Arquitectura Paisajista,UPPR

Vuelve a surgir en la discusión pública la “necesidad” de desarrollar un plan de usos del terreno (PUT). Sin embargo, año tras año esa acción se posterga y se queda incompleta la tarea. El mismo nombre, “Plan de usos”, establece que el Plan nos obliga a que explotemos el terreno.  Me pregunto, ¿acaso intuitivamente reconocemos que resulta innecesario usar todo el territorio? Un sabor agridulce sobre decisiones tomadas en nuestro pasado más reciente así nos lo recuerdan.  ¡Por supuesto que hace falta dirección clara en cuanto a cómo queremos guiar el crecimiento dentro de nuestro territorio a corto, mediano y largo plazo!  Pero, en vez de hacerlo siguiendo el mismo patrón, comencemos por hacer un inventario de lo que se tiene.

Antes de encaminarnos en la dirección de escribir tal “Plan”, valdría la pena llevar a cabo un acto de contrición y estudiar a conciencia, cuáles son los recursos que tenemos, construidos y naturales;  y cuáles los atributos de que disponemos. En lugar de descifrar cómo usar el territorio, pensemos qué éste nos ofrece y cómo mejor realzarlo en función de cómo mejor vivir y creer en él.  Alrededor del mundo, múltiples profesiones, lideradas por arquitectos paisajistas y otros afines a sus ideas, levantan la voz en unión para atender el paisaje como patrimonio de todos, en la búsqueda por catalogar su paisaje en interés de dirigir el crecimiento de sus países. Los catálogos de paisaje forman parte de esa iniciativa.

Un catálogo sirve como mecanismo para codificar y organizar una multiplicidad de cualidades, también para examinar sus relaciones e interdependencias. Constituye una estrategia para esbozar la dirección del crecimiento futuro, fundamentado en el inventario de los servicios que brinda el paisaje. Barcelona es la ciudad que lleva la vanguardia sobre el asunto y cataloga su paisaje basándose en sus atributos ecológicos, hidrológicos; en el beneficio psicológico a sus ciudadanos, en aquellas vistas que merecen ser protegidas, entre otros asuntos.

Con ello de ejemplo, en Puerto Rico podremos considerar que la vista al túnel y ensenada de Guajataca (bajando la loma por la número 2) se reconozca por su panorama sin igual; por ser punto de encuentro de sistemas geológicos e hidrológicos vitales a nuestros acuíferos; como el hogar de animales terrestres y marino; por la conjunción con la historia del tren de circunvalación y claro, su permanencia como vinculo de la memoria colectiva.  Todos estos motivos y más sirven como punto de interés para visitantes extranjeros y locales. El inventario podría facilitar el reconocimiento de este paisaje como catalítico para propiciar la existencia de una economía local fundamentada en ello. Por tanto, el catálogo sustenta el cuidar la vista hacia y desde este lugar para que los que visitan y viven allí se puedan continuar asombrando.

Cataloguemos ese bosque lluvioso que visitan y visitamos miles de seres humanos al año, mas allá de sus aspectos biológicos. ¿Qué atributos ecológicos, paisajísticos, sociales, económicos, psicológicos posibilita? ¿Cómo pensamos en la conservación de sus atributos a la luz de la economía de los barrios y hoteles que lo circundan?  El balneario de Luquillo, ¿cómo nos sirve de válvula de escape? ¿Cómo sus palmas sirven para hablarnos de la historia de una industria basada en el aceite de coco? ¿Qué lecciones económicas podemos aprender de ello que nos sirvan en la actualidad? ¿Cuáles vistas privilegian a hoteles de la zona, que sin el telón de fondo de ese balneario, no serían lo que hoy son?  ¿Qué estrategias de protección amerita para asegurar el uso, disfrute y salud mental de generaciones futuras?

El que piense que ese inventario existe está errado.  Esfuerzos pioneros como los del arquitecto Gabriel Ferrer Amador y su iniciativa del Fondo de Mejoramiento, reconocen esos atributos de paisaje y los diseminan a una amplia audiencia, como mecanismo de dar a conocer lo propio. Sin embargo, el propósito del Fondo radica en el contacto de persona a persona, no así en la preparación de un catálogo. Por lo cual, el catálogo aun está por hacerse.

De ejecutar un plan a la usanza de los pasados 20 años, solo replicaremos las mismas metodologías y maneras de resolver el problema: el mundo del desarrollo, del hormigón y la varilla en oposición al mundo natural; los malos y los buenos. Ese mundo natural tiene muchas gamas de verde. ¿Por qué seguir abordando el asunto del mismo modo y así antagonizar a grupos de desarrolladores y ambientalistas?  Es hora ya de entender que un asunto no se privilegia sobre el otro.  Tan importante resulta el mundo natural, como el hecho de que necesitaremos construir porque vivir en bohíos nuevamente es improbable.

La realidad es que todavía los albores de este siglo 21, constituyen un buen momento de incorporar preocupaciones que todos tenemos, y un par de espejuelos nuevos que nos hará falta para verlas con mayor claridad. Ejemplo de ello es el alza en el nivel del mar en nuestras playas que, como resultado del calentamiento global, año tras año se erosionan al punto que se caen carreteras y viviendas.  Solo basta mirar el caso de Vega Baja y las inundaciones repentinas en las áreas urbanizadas tras un chubasco de 5 minutos como en la Avenida Roosevelt en Hato Rey.  El aumento en los niveles de calor en ciudades como Mayagüez, Ponce, Caguas, Bayamón y Carolina, no es ajeno al problema.

Industrias, como el turismo, que dependen de nuestro paisaje para el desempeño y éxito de su empresa, se beneficiarán de catalogar el territorio. Playas, bosques lluviosos y secos, cuevas en el karso y bahías luminiscentes resultan ser el atractivo principal y razón por la cual cientos de miles de visitantes llegan a nuestras orillas cada año. Reconoce el visitante, tanto extranjero como local, que esas propiedades que componen nuestro paisaje conforman elementos únicos que merecen visitarse.

Así las cosas, tomemos el tiempo de hacer un inventario de lo que tenemos; reconocer nuestros atributos de paisaje, desde un punto de vista ecológico, biológico, estético y económico. Aprendamos de lecciones de otros países que, al catalogar su paisaje desde muchos ángulos, han logrado argumentar cuáles lugares son indispensables conservar, cuáles desarrollar y en dónde hacer híbridos. Reconozcamos que el paisaje entendido como infraestructura nos enfrenta a tomar decisiones de manera holística en lugar de un acercamiento fragmentado. Este ejercicio previo al desarrollo de planes se trabaja para demostrar que el paisaje constituye un atributo real que viabiliza la economía en lugar de desviarla.  Compete pues que nos reinventemos contando con el inventario de lo que tenemos.

Fuente: http://www.pupr.edu/news197.asp

De parques… es la obra que se ve

 

Marisabel Rodríguez,
IFLA, ASLA, IAPR, CAPPR

Directora y profesora
Maestría en Arquitectura Paisajista,UPPR

En días recientes, desde las declaraciones de la Nueva Alcaldesa Electa, Hon. Carmen Yulín Cruz, ha surgido un renovado interés en el Parque Luis Muñoz Marín de Hato Rey. Estableció ella que reabrirá los portones del Parque para celebrar su toma de posesión, y que permanecerá abierto al público para el uso, disfrute y entretenimiento de los que en esta ciudad habitamos.

De parques sabemos los arquitectos paisajistas porque pa’ eso – entre otras cosas – fue que estudiamos; por lo tanto esta noticia, nos llena de regocijo. Fue un arquitecto paisajista puertorriqueño – Juan Alberto Díaz – quien diseñó el parque junto a su equipo de trabajo interdisciplinario para la década de los setenta. El Muñoz Marín se convirtió con el paso del tiempo en el escenario de miles de fiestas de cumpleaños, bautizos, pasadías familiares, giras escolares, “trillitas” en el funicular, etc.  Así pasó a ser un sitio especial en los recuerdos de todos aquellos y aquellas que allí han pasado tiempos agradables.

Fue talento local quien concibió y construyó este sitio tomando en cuenta las realidades y posibilidades propias. Importante es recalcar este dato porque, contrario al parque Muñoz Rivera, el parque que ubica en Hato Rey fue el primero de esta envergadura diseñado por arquitectos paisajistas puertorriqueños.  Este hecho nos debe llenar de orgullo porque el predio es fiel testigo de que los hijos e hijas de esta isla tenemos el talento que se requiere para diseñar un parque memorable para los boricuas. El reto de cara al futuro, radica en asegurar que pueda seguirlo siendo para futuras generaciones.

Si bien ha servido a la ciudadanía durante los últimos treinta y tantos años, el parque que emplaza en el corazón del área metropolitana – Google así lo confirma – hoy día es el recurso que pudiera solventar problemas ecológicos y económicos que a la ciudad, en particular a Hato Rey, aquejan.  Pensado y mirado con los lentes de lo que ocupa a los arquitectos paisajistas en la actualidad, el Muñoz Marín puede servirnos para atender las inundaciones de Hato Rey tras un chubasco de 15 minutos.  Recoger estas aguas, redirigirlas, filtrarlas para que se regeneren las aguas de nuestros acuíferos es materia que los y las arquitectos paisajistas estamos solucionando en proyectos hoy por hoy. Usar los árboles existentes y añadir otros para reducir las temperaturas que las islas de calor provocan en la zona, redundaría en proveer cobijo a los usuarios del parque, incluyendo gente, pájaros y demás especies que buscan cómo cruzar desde la bahía de San Juan hasta el lado sur de la Piñero.

Es por ello que asumir contemporáneamente que un espacio verde es uno del que no se devengan ingresos o economías es un tema que ciudades como Chicago, Minneapolis y Manhattan han demostrado ser equívocas.  En ellas no solo los parques constituyen importantes recursos para cada ciudad sino que han logrado generar turismo exterior en torno a ellos.  La sombra de los bosques del parque Luis Muñoz Marín nos ahorra cientos de miles de dólares en inversiones de aspas de viento; el entramado de las raíces de su dosel arbóreo, evita que gastemos millones en tuberías para recoger las aguas de escorrentía de los lugares pavimentados en San Juan. Abundando aún más, ¿cuántos cientos de miles no nos habrá economizado este parque en visitas al sicólogo porque este espacio público ha fungido como válvula de escape a la amalgama de presiones de nuestra vida contemporánea? Si esos ahorros no bastan como argumento de por qué un parque ha de pensarse como atributo positivo, hablemos llanamente de los atractivos naturales con que contamos, que invitan a miles de turistas anualmente a visitar nuestras playas, bosques, parques y jardines, y en las que invierten su dinero.  Ya tenemos el parque. En nosotros está el pensar astutamente la estrategia sustentable – económica, ecológica y social – para hacerlo reverdecer.  Esta obra que menospreciamos, este parque, es la verdadera obra que se ve.

Fuente: http://www.pupr.edu/news195.asp

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